Concepto

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Lo que habitualmente entendemos por práctica artística es un tipo de producción y experiencia que sigue siendo en gran parte dependiente de la idea de “bienestar social”. En la época de mayor vigencia del mito de la “sociedad del bienestar”, los artistas llegaron a pensar una generalización de la práctica artística a todos los ciudadanos. Pero ¿cómo se posicionan los artistas tras el derrumbamiento de ese mito? ¿Qué ocurre cuando el “bienestar” ya no sólo no es una realidad, sino ni siquiera un horizonte? ¿Y qué hacer en relación a los excluidos? ¿Qué hacer si los propios artistas comienzan a ser también excluidos?

La “sociedad del bienestar”, lugar de realización de los “derechos humanos”, ha sido reemplazada por la “sociedad de la precariedad”, donde tales derechos ya no son considerados fundamentales. La segregación y la guerra han dejado de ser valoradas negativamente: forman parte del proyecto de una sociedad jerarquizada consustancial al capitalismo neoliberal. La precarización interna de las sociedades desarrolladas o en vías de desarrollo tiene su correlato en la aceptación de la miseria y el terror en sociedades menos desarrolladas. Y entre unas y otras, las migraciones ya no son viajes en busca del crecimiento y el bienestar, sino éxodos dramáticos y combatidos. El “estado de excepción” se ha convertido en cotidianidad y en norma.  (>> Contexto histórico)

Las prácticas artísticas manifiestan las consecuencias de estos violentos ajustes, dan cuenta de ellos sismográficamente, pero también pueden intervenir en ese espacio de tensión, produciendo lugares de experimentación del disenso.

De una parte, es evidente la conversión paulatina e inexorable de la cultura en un bien de consumo tras la Segunda guerra mundial. Cada vez de un modo más apabullante en las “ciudades marca” contemporáneas, el arte se presenta como atractivo turístico, como coleccionable ostentoso de las élites o como inane animador de la cotidianidad. En todo caso, el arte aparece ahí como una práctica desconflictuada.

A su vez todo un repertorio de estrategias de resistencia e intervención se han desarrollado a lo largo del siglo veinte: desde el dadá y los distintos productivismos, pasando por las prácticas situacionistas, feministas y poscoloniales, hasta los conceptualismos latinoamericanos, la crítica institucional y los activismos de las últimas décadas. En resonancia con estas estrategias de resistencia e intervención hoy se siguen articulando prácticas críticas, tanto individuales como colectivas, que tienen como horizonte de acción las distintas manifestaciones de los conflictos sociales.

Finalmente, dada la deriva espectacular y mercantilista de los valores sociales, acentuada por la imposición del modelo neoliberal, la propia práctica artística aparece como un ejercicio de resistencia. La “inutilidad” del arte, o más bien de la actividad poética, constituye en sí misma un valor contrahegemónico que los artistas pueden reivindicar. Pero no sólo para la defensa de una posición resistente, también como una potencia para la imaginación de nuevos horizontes y la institución de nuevas ficciones que permitan desarrollar prácticas de lo común.

Lo que proponemos es exponer, compartir y debatir prácticas artísticas que disputan este “estado de excepción” normalizado. Por una parte, indagar cómo se ha replanteado su emplazamiento social, qué estrategias de resistencia y supervivencia se han desarrollado y qué horizontes alternativos pueden desplegarse desde ahí. También, claro está, subrayar cómo las prácticas artísticas se han implicado más directamente con las fuerzas sociales con las que han tratado de resistir y elaborar salidas a las violentas imposiciones del “estado de excepción”.

Proponemos entonces articular el debate en tres ejes, que se concretarán en mesas de debate en cada uno de los tres días en los que se desarrollará La situación 2016. Estos tres ejes tendrán además correspondencia con los proyectos, talleres y presentaciones de obras a lo largo del encuentro.

1.Práctica artística, precariedad y violencia. 

En este primer eje, abordaremos cuáles han sido las implicaciones más directas sobre las prácticas artísticas. No se trata sólo de interrogar las transformaciones en el estatuto del trabajo artístico y sus lugares de acción sino también poner de manifiesto cómo se han posicionado dichas prácticas respecto a las consecuencias sociales y políticas de la crisis.

1.1. ¿Cómo se manifiesta en la práctica artística el “estado de excepción” y cómo condiciona ese estado a la propia práctica?

Fuera de lugar: perplejidad y pérdida de la inscripción social del artista. Diásporas: deslocalización del trabajo artístico. Mercado irregular y precariedad. Economía del artista: la multifuncionalidad del artista (el artista multitarea): la redefenición del ámbito artístico como ámbito cultural-social-educativo.

1.2. ¿Cómo los artistas se relacionan con las consecuencias sociales y políticas de la crisis?

Representaciones, testimonios y acompañamientos de la violencia: el shock, la desposesión, el trauma, el estado del miedo, la desintegración del tejido social; violencia machista, violencia de estado, violencia de anestado; migraciones, catástrofes ecológicas. Prácticas artísticas activistas.

2. Supervivencia y resistencias: otros modos de organización. 

Frente a la inserción acrítica y precarizada de las prácticas artísticas en los modos de producción de las “industrias creativas” o a la pervivencia de imaginarios subjetivistas que sirven poco más que para alimentar un mercado elitista del arte, proponemos presentar y debatir las estrategias artísticas y de colaboración con otros agentes que se han desarrollado para responder a las devastadoras implicaciones sociales y económicas del “estado de excepción”.

2.1. Repolitizar la colaboración.

Prácticas colaborativas, transdisciplinares, disolución de la autoría individual, nuevos asociacionismos. La defensa de las disciplinas como conservacionismo antropológico. Negociaciones con los restos de lo público: modos de relación con el sistema del arte y con los agentes culturales (curadores, críticos, etc.). Actualidad de las prácticas feministas. Activismos de género. Prácticas decoloniales. Expansión de los medios artísticos: la redefinición de la autonomía artística.

2.2. ¿Cómo se sobrevive en el estado de excepción?

Solidaridades sociales, afectivas y digitales. Organizaciones emergentes. Trabajo en comunidad. Cooperativismos. Intervenciones en el espacio público. La práctica como resistencia. Plataformas y movimientos sociales. ¿Cómo opera el arte fuera del ámbito endogámico del arte? ¿Cuál es su contribución en este contexto?

3. Rehacer desde lo común.

Es urgente abrir una discusión para imaginar modos de intervención desde las prácticas artísticas a más largo plazo que permitan revertir la aparente inexorabilidad del “estado de excepción”. Nos enfrentamos a la tarea de imaginar y poner colectivamente en circulación nuevas ficciones instituyentes –como lo fue la idea misma de “sociedad de bienestar”– y pensarlas desde lo público. Especialmente relevante es hacer esto desde uno de los lugares que se constituyó como un bastión de la actualmente asolada socialdemocracia: la universidad. ¿Qué podemos rescatar de ella en relación con las prácticas artísticas que nos parecen hoy importantes para inventar un futuro común?

3.1.  Nuevas ficciones instituyentes.

Otros modos de organización y/o convivencia. Propuestas de empoderamiento y recuperación de lo común. ¿Cuál es la función de lo poético en el trabajo de lo común? ¿Cómo podemos imaginar la acción artística sin la subscripción de proyectos políticos emancipatorios a la vieja usanza?¿Qué papel puede jugar la reivindicación de las prácticas de lo común para imaginar de otro modo el futuro? ¿Qué ficciones pueden ser invocadas para instituir otro orden de prácticas sociales, más justas e incluyentes?

3.2. La función de las instituciones públicas: el lugar de la universidad y de la investigación artística.

¿Qué exigencias deben plantearse respecto al papel de la universidad en este “estado de excepción”? ¿Cuál es específicamente el papel de la educación artística en los procesos desatados en estas últimas décadas? ¿Cómo debemos entender el auge de la “investigación artística” en los últimos años como respuesta o acomodo a este estado?