La videoguerrilla nos hará libres (o no). Por soñar… – María Cañas

En la situación de marcado cambio político y social que estamos viviendo, el sospechar de las imágenes es esencial para reactivar nuestro presente.

Bienvenidos al frente de la risastencia. Cuando tanta rabia acumulada nos haría explotar, pero decidimos mejor defender la carcajada para organizar dicha rabia. ¿Y qué es la risastencia? El humor de todos los colores como una forma de resistencia popular. Comulguemos con Nietzsche, quien afirmaba que la risa es el orgasmo de la inteligencia; y con Pasolini, que proclamaba que la cultura es una resistencia a la distracción. Que nuestra bandera sea el humor tocapelotas, políticamente incorrecto, gamberro, transgresor, fuera de protocolos y que en muchas ocasiones se transforma en una afrenta despiadada a los rituales sociales.

Seamos una resistencia a la distracción, al maniqueísmo, a la espectacularidad gratuita y demás paparruchas engendradas por la industria del entretenimiento digital. Generemos ocio amoroso y a la vez terrorífico, que nos haga rugir, porque la revolución no será televisada.

Saquear iconos, generar de relatos “glocales” a contracorriente y la videoguerrilla que subvierte y revive el archivo on-line infinito y el excedente de imágenes del gran teatro del mundo, nos harán sentirnos libres y salvajes a ratos.

Defendamos a ultranza la no privatización y la liberalización de nuestra memoria histórica e imaginarios. Seamos activistas comprometidos con la cultura libre y con la idea de cultura como construcción colectiva. ¡Vida eterna al dominio público!

Soñemos que es el momento de filmar lo que nadie filma y donde nadie filma y de hacer cine sin cámaras. Reivindiquemos las narrativas audiovisuales liberadas de las concepciones “bunkerizantes” de la historia y de los géneros: avanzar por tierra de nadie, entre el cine experimental y el videoarte, el documental y el ensayo, la vida y la muerte… Luchar con la videoguerrilla, que se introduce en los tópicos y símbolos para dinamitarlos. Practiquemos la videorremezcla que reta al mensaje dominante y a los mitos socioculturales instaurados por los medios de comunicación de masas, transformando los discursos oficiales en versiones low-cost de cultura crítica.

Apasionémonos por agitar las imágenes, para así transformarnos en seres más críticos y creativos. Que el fuego camine con todos. Y como advertía Simón del Desierto: “No os dejéis arder en el fuego de una contemplación vana”.

¿La realidad supera a la ficción?, ¿la ficción supera a la realidad? Quién sabe… Extraer una enseñanza de lo vivido y visionado, adaptarlo a nuestros fines e inquietudes, estar en este mundo sin ser de este mundo y ser proteicos y felices, eso es lo esencial: no conviene olvidarlo.