Carta abierta al señor Ai Weiwei

 

Estimado señor:

Del 18 al 21 de octubre nos hemos reunido en Cuenca un grupo de aproximadamente doscientos artistas y estudiantes procedentes de diversos territorios de Iberoamérica para debatir sobre el presente y el porvenir de nuestras prácticas. Debatimos sobre cómo nos afecta en cuanto artistas y ciudadanos el fin de la ficción de la sociedad de bienestar y de la globalidad de los derechos humanos, la creciente desigualdad en el reparto de la riqueza, la expansión de internet y la banalización mercantil que los medios y las instituciones públicas y privadas hacen del arte. En relación a este último tema, resultó inevitable considerar la exhibición de su proyecto en la Catedral de Cuenca.

Hasta donde sabemos, usted no ha venido a Cuenca, por lo que no ha podido ver cómo se ha expuesto su obra y no debe de contar con información sobre el contexto económico y político en que se inscribe. Nos consideramos en la obligación de hacerle saber que el modo como su obra ha sido expuesta contradice la intencionalidad crítica de su propuesta.

En primer lugar, su obra está instalada en un templo, La Catedral de Cuenca, sobre uno de cuyos muros sigue habiendo un monumento dedicado a la memoria de un líder falangista. La Falange (partido fascista español) fundamentó ideológicamente un golpe de estado, que se transformó en una guerra civil y posteriormente en un régimen dictatorial del que fueron víctimas decenas de miles de personas. El título de la exposición en la que usted participa y a la que da nombre, “Ai Wei wei: La poética de la libertad”, es contradictorio con la pervivencia de esa memoria del fascismo.

La empresa que ha ideado y gestionado el proyecto, EULEN, está dedicada a la seguridad y ha abierto una línea de negocio destinada a la oferta de servicios integrados para el sector cultural, lo que ellos denominan “llave en mano”. Que la “libertad” se ligue a la “seguridad”  se sostiene sobre un discurso ideológico neoliberal que apela a la libertad como prerrogativa exclusiva de la iniciativa privada ligada al capital. Por otra parte, las empresas de este tipo conciben el arte como una industria de entretenimiento, y trabajan más con una lógica de inversión turística que de inversión cultural. Nos alegra que la cultura pueda contribuir al crecimiento de la industria turística y que ésta aumente el bienestar de la población. Pero estamos en desacuerdo con que la cultura sea concebida como herramienta turística y la inversión en tejido cultural sea sustituida por inversiones exclusivamente destinadas a la promoción de ciudades-marca.

Le informamos también de que el comisario de la exposición ha incluido como parte de la misma una obra suya, lo cual resulta desconcertante. Desconocemos el presupuesto público destinado a este proyecto. El nuestro, La Situación 2016, ha sido financiado con dinero público, y en nuestra web puede encontrar información precisa de los ingresos y los gastos. Nos gustaría encontrar la misma información relativa a la exposición de su obra en La Catedral. Las cifras que han circulado en prensa son muy genéricas. EULEN, por su parte, informa de que la muestra está patrocinada por diversas  “empresas”,  aunque las dos principales parecen ser dos empresas públicas, financiadas con dinero de los contribuyentes y cuyo objetivo era ser herramientas para la creación de tejido cultural y no instrumentos para alimentar negocios privados.

Como persona que ha estado en prisión, querríamos conocer su posición respecto a un sistema judicial que envía a prisión a quienes roban en un supermercado y permite la impunidad de quienes defraudan millones de euros y de representantes públicos corruptos que se han enriquecido a costa de lo público incluso en momentos en que los ciudadanos viven en situación de precariedad. Pero en España, hay otras cárceles: las económicas, de quienes son desahuciados o condenados a la precariedad de por vida, y los llamados “centros de internamiento de extranjeros” (CIE), en que se recluye a personas procedentes de fuera de la Unión Europea y a quienes arbitrariamente se cataloga como migrantes ilegales o refugiados. En las últimas horas se ha producido un motín en el CIE de Aluche, donde un numeroso grupo de “sin papeles” ha reivindicado “libertad” y “justicia”. ¿No cree que su obra debería acompañar estos hechos y situaciones y no una selección de cuadros de pintores informalistas, que fueron en su momento instrumentalizados por las políticas culturales del régimen franquista?

Es cierto que la Iglesia Católica, beneficiaria de los ingresos de las entradas a su exposición (entre 6 y 25 euros, pues también aquí se aplican diferencias de clase), donará hasta un diez por ciento de los mismos a Cáritas para que los destine a “Ayuda a refugiados”. Deben entender las autoridades eclesiásticas que esa es una cantidad suficiente para paliar el sufrimiento de millones de refugiados en todo el mundo. Ignoramos a qué destina la Iglesia Católica el noventa por ciento restante de los ingresos. Conocemos, por otra parte, que Caritas provee ayuda asistencial, en ningún caso contribuye a la defensa de la libertad de los migrantes, sean legales, ilegales o refugiados. ¿No resulta esto contradictorio con la poética de la libertad?

¿Puede haber una poética de la libertad que ignore el contexto en que se inscribe?

 

Con nuestro respeto hacia su trabajo artístico,

y a la espera de sus respuestas,

reciba un cordial saludo de sus colegas reunidos en La Situación 2016, en Cuenca.